Pinturas rupestres: Altamira

Las pinturas de la cueva de Altamira: la joya del arte paleolítico

La cueva de Altamira es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo y en 1985 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Gracias al uso de métodos como el carbono 14, hoy sabemos que las pinturas en ella realizadas se encuadran en el Paleolítico superior, concretamente en el período Magdaleniense (entre los 15.000 y los 12.000 años a.c.), aunque algunas se retrotraen a etapas más antiguas. 
El hombre de la época sobrevivía en condiciones muy duras y se refugiaba del intenso frío y de la humedad reinante en el interior de cuevas como ésta.  La zona habitable era la entrada de la cueva, mucho más ancha que en la actualidad, donde al abrigo del fuego transcurría la vida cotidiana del grupo.
En la cueva  se tallaba la piedra, el hueso o la madera, se trabajaban las pieles, se descuartizaban los animales cazados, etc. Pero  también se realizaban ritos mágicos y ceremonias de culto, ligadas a las cuales surgió el arte rupestre, que convertía lo más profundo de la caverna en un santuario. Así, en las zonas más inaccesibles de la cueva de Altamira, los hombres realizaron algunas de las pinturas y grabados más conocidos, que autores como Déchelette definieron como la "Capilla Sixtina del Arte Cuaternario" por su enorme belleza y su increíble perfección técnica. Tiempo después, hace aproximadamente 13.000 años, un desprendimiento de rocas selló la entrada, dejando las pinturas aisladas del exterior y asegurando su conservación durante miles de años, hasta su descubrimiento posterior hace siglo y medio.


EL DESCUBRIMIENTO DE LA CUEVA Y LA CONTROVERSIA SURGIDA EN TORNO A ELLA




La cueva se halla en Santillana del Mar, Cantabria, España. Su descubrimiento se produjo en 1879 por casualidad. En una jornada de caza, un campesino encontró la cueva. Trabajaba como aparcero en las tierras de Marcelino Sanz de Sautuola, que como aficionado a la arqueología y la paleontología reconoció inmediatamente su valor. Este accedió al interior de la cueva con su hija María, de diez años, que mientras su padre inspeccionaba la cueva, vio en los techos unas pinturas que llamaron su atención: "papá , hay bueyes en la pared". En realidad se trataba de bisontes. Sin embargo, la mayoría de los científicos de la época no aceptó el descubrimiento y Sautuola fue tachado de farsante. La mayoría de los estudiosos españoles y los grandes historiadores franceses no aceptaban que pinturas de tal perfección técnica pudieran haber sido realizadas por hombres del paleolítico, además les resultaba improbable que los tonos y colores se hubieran conservado con tanta nitidez a pesar del paso del tiempo. Unas décadas después, a finales del siglo XIX y principios del XX, fueron descubriéndose nuevas cuevas con pinturas similares en el sur de Francia, no lejos de allí, y los científicos franceses tuvieron que reconocer que los bisontes de Altamira eran de verdad del Paleolitico Superior.  Uno de los más famosos detractores de la autenticidad de las pinturas, el historiador francés Émile Cartaihac,  en 1902 visitó la cueva y aceptó con humildad su error. Para entonces Sautuola había muerto. 
                                             Los descubridores de Altamira, Marcelino Sanz de Sautuola y su hija María






LAS PINTURAS DE ALTAMIRA: 
CARACTERÍSTICAS Y TÉCNICAS
Aunque en las paredes y techos de Altamira hay manos marcadas y signos de diversos tipos, lo que ha dado fama y valor a la cueva han sido las pinturas del techo de las Sala de los Polícromos. Posiblemente las elaboró un mismo pintor, que hizo ciervos, caballos y sobre todo bisontes, animales hoy casi extinguidos en Europa. Los creó  sin formar escenas, como figuras independientes y a veces superpuestas. Aparecen muy realistas, con todos los detalles, hocico, ojos, cuernos, pelaje, pezuñas, sexo, rabo, etc., demostrando que eran animales que conocía bien en su anatomía y comportamiento, posiblemente porque los cazaba. El realismo  se ve reforzado por la variación de tonos,  sombreados y sobre todo el efecto de relieve producido por el aprovechamiento de los abultamientos de la roca para dar volumen al animal. El mismo tamaño de los animales favorece su naturalismo, pues alguno de los bisonte tiene los 2,05 metros y la gran cierva alcanza los 2,25 metros.

Todo el proceso de elaboración de las pinturas se realizaba con gran dificultad, porque el techo de la gruta era bajo. La posición en cuclillas era incómoda y la falta de luz suponía una dificultad añadida. El pintor utilizó lámparas de tuétano, que aportaban luz suficiente. La temperatura estable y la humedad natural de la cueva se ocuparían después de mantener la calidad y frescura de las pinturas.




El pintor de Altamira primero graba con un buril o piedra afilada la figura en la roca, luego pinta sobre ella, utilizando un pedazo de carbón vegetal para dibujar  el contorno negro. Rellena el dibujo con colores ocres, obtenidos a partir de componentes arcillosos o utilizando óxido de hierro en polvo, lo que le daba un tono rojizo. Los pigmentos se diluían y mezclaban con agua, grasa animal o sangre y se aplicaban sobre las paredes con "pinceles" fabricados con pelo animal,  con los dedos de la mano o bien soplando a través de huesos huecos o cañas a modo de cerbatana (aerografía).
Técnica del aerografo

brochas
 PINTURAS MÁS SOBRESALIENTES Y CONOCIDAS 
  • EL BISONTE ENCOGIDO está pintado sobre un saliente del techo que le da volumen, se halla encogido, con sus patas plegadas y la cabeza hacia dentro.


  • La GRAN CIERVA es la más grande de todas las figuras, 2.25 metros, realizada con una perfección técnica inigualable que le da gran realismo. Pintada con tonos rojos y marrones suaves, muestra gran estilización en las patas y transmite una gran serenidad y calma.



  • EL BISONTE DE PIE  el realismo se muestra en los tonos, en el uso del negro en el hocico, la crin, la papada y las piernas, o en la marcada curvatura del lomo. 


El emblema de Altamira y la figura más representada es el bisonte, hoy el 
bisonte europeo está en peligro de extinción y solo quedan unos cuantos
 miles en los bosques de Polonia y Bielorrusia en estado semisalvaje.

¿Por qué pintaban?

Desde que se descubrieron las pinturas, los científicos trataron de encontrarles un sentido, un propósito. Algunos pensaron que serían pinturas para el deleite y el gozo de los que las hacían, serían una forma de expresión artística y el pintor pretendería crear algo bello decorando la cueva donde vivía. En primer lugar eso no encaja con el hecho de que las pinturas estén en lugares recónditos, de complicado acceso y difícil contemplación. 

Las pinturas tendrían un valor mágico o ritual y las zonas donde se realizaban serían santuarios. Allí el pintor, posiblemente el chamán o brujo, realizaría las pinturas con un objetivo concreto, siempre al servicio de la supervivencia del clan o el grupo. Para algunos serían una alusión a la fertilidad y la fecundidad, para otros serían magia al servicio de la caza: el pintor representaría los animales que cazaba y que eran la base de su alimentación, tratando así de unir el alma de aquellos animales al territorio de caza de la tribu o quizás de dar valor y fuerza a los cazadores en sus duras y peligrosas jornadas de cacería. No olvidemos que los grupos era nómadas, se desplazaban con las manadas de animales y si sus presas abandonaban los territorios, ellos se debían mover. En plena glaciación, el grupo podía morir si no encontraba animales que cazar. Esta teoría concuerda con el hecho de que muchos de los animales representados tenían la cabeza amputada o aparecían con armas clavadas.



Réplica de la cueva de Altamira



La cueva original se cerró al público en 2002 por problemas de conservación. La entrada masiva de turistas introdujo cambios en la composición y temperatura del aire, variando el microclima existente desde hacía miles de años. Los microbios y hongos proliferaron, amenazando con deteriorar el estado de las pinturas. Con la intención de preservarlas y que a la vez pudieran ser disfrutadas por el público, se creó una replica exacta de la original que reproducía la Sala de los Polícromos y parte de la galería de la Cola de Caballo. 
La  replica es desde el punto divulgativo y educativo más interesante que la original, ya que aporta un recorrido mucho más amplio. Existe un museo muy completo con abundante material audiovisual que sirve de inicio a un recorrido marcado por un campamento paleolítico, que reproduce como debió de ser la vida cotidiana en la entrada de la cueva real. Le sigue una excavación arqueológica y una osera, que nos recuerda cuando la cueva no era habitada por el ser humano, sino que era el lugar de hibernación del oso de las cavernas. A continuación hay un taller de pintor donde se reproduce el proceso y los instrumentos utilizados para hacer las pinturas y solo después aparece el techo que reproduce la Sala de los Polícromos, con sus bisontes, caballos, ciervos, etc. Es una reproducción exacta donde se han utilizado los pigmentos naturales propios de la verdadera cueva. La salida de la neocueva coincide con una galería final, estrecha y baja, que reproduce las pinturas más profundas de la caverna, las que se encontraban en la Cola de Caballo.




"DE PIEDRA Y HUESO"
Las cajas de herramientas paleolíticas  de Altamira”: 
Si querés  conocer más sobre el clima y paisajes durante el Paleolítico, te invitamos a recorrer la exposición virtual en Google Arts & Culture titulada “De piedra y hueso. 
https://artsandculture.google.com/exhibit/AAJiI3eo6sPyJA



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